Lo que nadie enseña sobre fallar

Written by on 22/05/2026

 

Bogotá – mayo de 2026. Desde la infancia, muchas personas fueron entrenadas
para asociar el error con el rechazo. Cuando algo se hace bien, hay aplausos,
caritas felices o medallas; cuando se hace mal, aparecen la corrección, la
vergüenza, la culpa o el silencio. Sin que esto se diga de forma explícita, se crece
creyendo que equivocarse pone en riesgo el propio valor. Como consecuencia, se
deja de intentar o solo se intenta aquello que se sabe que saldrá bien. A eso se le
suele llamar ser estratégicos, cuando en realidad muchas veces es miedo
disfrazado de sensatez.
Esto se entiende mejor cuando se observa en la práctica. No es una teoría lejana,
sino un patrón que se repite en la vida de muchas personas que, al haber
asociado su valor con el éxito, terminan evitando el error hasta que enfrentan un
quiebre que los obliga a replantearse todo. En ese punto, la experiencia deja de
ser una amenaza y puede convertirse en un punto de partida.
“A los 27 años me nombraron director de la revista Maxim en español para
Latinoamérica. Por fuera, parecía el mejor trabajo del mundo, pero por dentro
estaba completamente vacío. Me había desconectado de lo que realmente me
importaba. Esa etapa me llevó a tomar una decisión difícil: renunciar sin tener
claro qué venía después. Y lo peor no fue perder el trabajo. Lo peor fue la historia
que me conté: no pensé tuve un fracaso, pensé soy un fracasado. Confundí el
evento con mi identidad. Esa confusión casi me destruye, pero también me obligó
a reconstruirme desde cero”, contó Pablo Jacobsen, creador del podcast Máximo
Desempeño, conferencista, coach y quien también se desempeñó como director
editorial de la revista SOHO en Colombia.
Quien busca lograr algo significativo sabe que el camino implica incertidumbre,
decisiones difíciles y momentos de duda. Entender esto cambia la manera de
enfrentar estas situaciones: se vuelve posible experimentar, asumir riesgos y
avanzar con mayor claridad. Y aquí está lo más importante: la actitud frente a
estos momentos no comienza con las circunstancias, sino con la historia que cada
persona se cuenta. Cambiar esa narrativa permite recuperar la capacidad de
responder en lugar de reaccionar. Esa transformación no solo redefine la manera
de ver los desafíos, sino también la forma en que se entiende la educación.
“Ese es el tipo de pensamiento que hoy quiero inculcarle a mi hija y que considero
fundamental en su formación: entender que equivocarse no define quién es, que el
error hace parte del aprendizaje y que los momentos difíciles también construyen.
Son las experiencias y aprendizajes que vivimos a lo largo de la vida,
especialmente después de atravesar momentos complejos, las que terminan
moldeando la manera en que queremos educar a nuestros hijos. Por eso, para mí
fue clave encontrar un entorno educativo como el Colegio Hacienda Los

Alcaparros, donde esta forma de ver la vida no solo se enseñe, sino que mi hija
pueda expresarla y vivirla en su día a día”, añadió Jacobsen.
En ese contexto, los colegios cumplen un rol fundamental en la formación de los
más jóvenes. Más allá de transmitir conocimiento, se convierten en espacios
donde los estudiantes desarrollan herramientas para enfrentar desafíos, tomar
decisiones y gestionar la incertidumbre.
Alineado con esa visión, el Colegio Hacienda Los Alcaparros se presenta como un
entorno coherente con este enfoque. Al basar su modelo en el aprendizaje activo y
la pedagogía de proyectos, los estudiantes construyen conocimiento a partir de la
exploración, la toma de decisiones y la reflexión. En este proceso, el error se
asume como parte natural del aprendizaje: al aprender haciendo, los estudiantes
se equivocan, reflexionan y ajustan, entendiendo que es una oportunidad para
mejorar y fortalecer sus resultados. A través de experiencias prácticas y espacios
que fomentan la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, el colegio
impulsa la autonomía y la capacidad de asumir retos. Además, su enfoque en el
desarrollo humano fortalece habilidades socioemocionales y promueve una visión
en la que los desafíos se integran como parte esencial del crecimiento. Así, forma
personas capaces de enfrentar la incertidumbre y construir su camino con criterio
y confianza.
En definitiva, la reflexión que plantea Jacobsen cobra especial relevancia para
quienes enfrentan momentos de incertidumbre o están cuestionándose si dar el
siguiente paso. Más que evitar las dificultades, el reto está en desarrollar la
capacidad de aprender de la experiencia y avanzar con mayor claridad. En ese
proceso, los entornos educativos juegan un papel clave al formar personas
capaces de adaptarse, tomar decisiones y construir su propio camino con
seguridad y propósito.


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