De la obsesión de Bilardo a las respuestas de la tecnología: ¿cómo se está transformando el fútbol?

Written by on 28/06/2026

Marcos Gonzalez Bertolin, Responsable de Soluciones Deportivas en Sportian

Hay escenas que encajan perfectamente en otra época. En 1989 se casó Diego Armando
Maradona y, en plena fiesta, Carlos Bilardo, por aquel entonces entrenador de la Selección
Argentina, se acercó a Oscar Ruggeri con un pedido entre absurdo y brillante: que se parara
al lado de Careca, delantero de Brasil, para medirlo. Bilardo quería calcular proporciones
físicas, alturas y contexturas, preocupado por la pelota parada brasileña ante un eventual
cruce en el Mundial de Italia 90. No había tracking, dashboards ni bases de datos integradas.
Había obsesión, memoria y una necesidad permanente de entender cómo contrarrestar al
rival.
Durante décadas, estudiar el fútbol fue un trabajo artesanal sostenido por libretas, cintas
VHS y asistentes técnicos agotados de viajar para espiar adversarios. Los cuerpos técnicos
más vanguardistas acumulaban grabaciones borrosas y armaban informes manuales
cortando jugadas una por una. Muchas veces el análisis consistía simplemente en rebobinar
el mismo partido hasta encontrar patrones.
Europa también tiene sus historias. Arrigo Sacchi llenaba pizarras enteras para explicar
movimientos colectivos y sincronización defensiva en el AC Milan de finales de los 80. Años
después, José Mourinho cortaba videos para estudiar automatismos rivales en el Porto
campeón de la Champions League. La lógica era la misma: reducir márgenes de
incertidumbre.
Uno de los primeros grandes puntos de inflexión llegó en 1996, cuando la Premier League
comenzó a utilizar tecnología para recopilar datos. Uno de los sponsors del torneo financió
esta iniciativa para que clubes y medios pudieran acceder gratuitamente a estadísticas
avanzadas. Aun así, durante muchos años el análisis seguía siendo una ventaja competitiva
de pocos. La mayoría de los entrenadores continuaba confiando principalmente en el ojo
experto.
Según el libro Performance Analysis of Football, de los investigadores Thomas Reilly, A.
Mark Williams y Jens Bangsbo, a comienzos de los 2000 muchos cuerpos técnicos tenían
apenas una persona dedicada al videoanálisis: un pasante, un estudiante o el propio
ayudante de campo trabajando con cámaras domésticas.
Con el tiempo, el crecimiento fue explosivo. La masificación de cámaras HD, la
profesionalización de los cuerpos técnicos y la expansión del big data aplicado al deporte
transformaron el análisis en una necesidad estructural. Durante años, sin embargo, persistió
un problema: los datos y los videos existían, pero estaban fragmentados entre distintos
proveedores y softwares. El desafío ya no era conseguir información, sino conectarla.
Hoy, prácticamente el 100% de los clubes de las grandes ligas utilizan videoanálisis con datos
de rendimiento y posicionamiento. LALIGA, que engloba la primera y segunda división del
fútbol de España, dio un paso decisivo y, a través de una joint venture junto a Globant,

adoptó Sportian Performance, una plataforma de análisis técnico-táctico: la premisa no fue
acumular datos, sino integrar ecosistemas completos de análisis para que ningún cuerpo
técnico, ni protagonista de la competición, tenga que preocuparse por la complejidad técnica
de cada fuente. No es casualidad que entrenadores de la máxima exigencia competitiva,
como Mauricio Pochettino al frente de la Selección Masculina de Estados Unidos, estén
incorporando cada vez más herramientas que integran datos, video e inteligencia artificial
para apoyar la toma de decisiones.
Eso modificó incluso la dinámica cotidiana de los partidos. En cada tablet que revisan los
cuerpos técnicos durante un encuentro conviven imágenes en directo, métricas físicas en
tiempo real y comparativas tácticas instantáneas. Un entrenador puede detectar si un
futbolista está por encima de su umbral habitual de esfuerzo para prevenir posibles lesiones,
revisar cómo evolucionó un jugador o incluso hacer una comparativa entre dos que se
enfrentan en un duelo individual específico para corregir movimientos defensivos sobre la
marcha.
Al mismo tiempo, los analistas pueden etiquetar jugadas en vivo, crear playlists tácticas,
descargar reportes automáticos o construir dashboards personalizados según las necesidades
del entrenador. Lo que antes demandaba jornadas enteras de edición manual hoy puede
resolverse en segundos. La revolución actual no pasa solamente por lo cuantitativo, sino por
la capacidad de transformar información dispersa en decisiones concretas. Ya no se trata
únicamente de saber cuántos pases dio un jugador, sino de entender por qué ciertos
movimientos generan ventajas, cómo esconder debilidades y de qué manera potenciar
virtudes colectivas.
El reto de hoy en día está en la diferenciación, en hacer las cosas de forma distinta. Lo
hemos visto en la hiper-tecnificación de las acciones de balón parado (ABP) del Arsenal o en
los cambios tácticos de Luis Enrique en las semifinales de Champions ante el Bayern de
Múnich. Hay que sorprender al rival, entender mejor el contexto de partido, que los
jugadores comprendan mejor los conceptos del juego. Cada día los entrenadores y equipos
técnicos tienen más peso en los equipos, demostrando que en este deporte no solo gana el
que tiene mejores jugadores, imponiéndose el colectivo sobre las figuras individuales.
La tecnología está cambiando enormemente y los equilibrios tradicionales van a dejar de
estar vigentes. Las ligas ya no quieren que los proveedores de datos hagan negocio con ellos y
les limiten el uso de los datos de su propia competición. Los clubes no quieren herramientas
que trabajan en silos, que te obligan a contratar servicios que no necesitas y que suben los
precios cada año. El tracking de calidad está dejando de ser un lujo que solo los grandes
equipos pueden permitirse. Se viene una época de contenido propietario, de avance en la
tecnología de canteras, de tecnología que facilite los procesos y de dejar de hacer las cosas
como las hace todo el mundo.
Aquella obsesión de Bilardo en esa boda expuso una necesidad histórica de los cuerpos
técnicos: encontrar ventajas mínimas antes que el resto. El video sigue siendo la puerta de
entrada, pero ahora convive con otros desarrollos. En la Copa del Mundo, uno de los desafíos
estará en la preparación para conectar información y convertirla rápidamente en decisiones.
En el fútbol, como en otras industrias, la tecnología no viene a reemplazar, sino que a
potenciar capacidades.


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