Caso Yulixa Toloza: lo que debe revisar antes de una cirugía estética para no caer en una 'clínica de garaje'
Written by Jose de Jesus Prieto on 25/05/2026
La confirmación, en la tarde de este 19 de mayo, del hallazgo de un cadáver con rasgos
compatibles con los de Yulixa Consuelo Toloza, en zona rural del municipio de Apulo
(Cundinamarca), encendió de nuevo las alarmas sobre los riesgos de practicarse
procedimientos estéticos en establecimientos sin autorización sanitaria. La mujer, de 52
años, desapareció el pasado 13 de mayo tras ingresar al centro Beauty Láser, en el barrio
Venecia, sur de Bogotá, donde le practicaron una lipólisis láser con sedación. El lugar, hoy
señalado por las autoridades como una 'clínica de garaje', operaba sin habilitación ni
concepto sanitario. La Fiscalía ya tiene cinco órdenes de captura por el caso.
El caso reactiva una pregunta urgente para miles de colombianos: ¿qué se debe verificar
antes de someterse a una operación de este tipo? Y es que Colombia se mantiene como
potencia mundial del sector. En 2024 (cifras oficiales más recientes), se practicaron
490.944 procedimientos estéticos, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica
Estética (ISAPS). De ellos, 321.408 fueron quirúrgicos y 169.536 no quirúrgicos. Entre los
más demandados aparecen la liposucción, el aumento mamario y la blefaroplastia,
mientras que en los no invasivos lideran la toxina botulínica y el ácido hialurónico. El 30
por ciento de los pacientes son extranjeros, principalmente de Estados Unidos, España y
Canadá.
Lesdy Pérez, docente del programa de Instrumentación Quirúrgica de
Areandina, sede Bogotá, recuerda que todas las Instituciones Prestadoras de Servicios
de Salud (IPS) tienen que garantizar la calidad en su atención y contar con las
autorizaciones de funcionamiento que exige la secretaría de salud del territorio donde
operan.
"Antes de pagar un solo peso, el paciente debe pedir el nombre exacto y el NIT del
establecimiento y consultarlo en el Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud
(REPS). Si el sitio no aparece allí como habilitado para cirugía, no es el lugar para
acostarse en una camilla", advierte la docente.
Pérez explica que las instituciones dedicadas exclusivamente a cirugía plástica, estética y
reconstructiva no están obligadas a cumplir las mismas condiciones de un hospital de alta
complejidad. Eso, sin embargo, no significa que el usuario se pueda confiar: deben
revisarse los títulos y credenciales académicas del especialista que realizará la operación.
Esa información se puede consultar en la página de la Sociedad Colombiana de Cirugía
Plástica, Estética y Reconstructiva. Aunque para los médicos es opcional estar adscritos,
las clínicas sí están obligadas a confirmar esos datos.
Otros aspectos a tener en cuenta
La docente de Areandina recomienda analizar si la institución cuenta con acreditación en
salud. Esta distinción, otorgada bajo los más altos estándares de calidad, no es
obligatoria, pero sí evidencia que el lugar dispone de las mejores condiciones para atender
#ElAñoDelHumanismoDigital
pacientes. La información puede verificarse en el portal del Ministerio de Salud y
Protección Social. También sugiere revisar la página web y las redes sociales del
establecimiento, conocer su misión y visión y, en lo posible, visitar las instalaciones unos
días antes de la cita.
"Aunque el acceso a las salas esté restringido por seguridad, observar cómo opera el
lugar, en qué estado se encuentra y qué talento humano tiene es una manera muy
sencilla de detectar irregularidades a tiempo. Una recepción improvisada, un consultorio
adaptado en una vivienda o personal sin uniformes deben prender alarmas", subraya.
El factor precio también pesa. Pérez insiste en que ofertas notoriamente inferiores al
promedio del mercado suelen esconder riesgos serios. En el caso de Beauty Láser, por
ejemplo, se cobraron tres millones de pesos por una intervención que en clínicas
autorizadas oscila entre ocho y veinte millones.
Hay otros signos claves para tener en la mira: las IPS reales no funcionan en viviendas
residenciales, no piden pagos por canales personales y entregan historia clínica,
consentimiento informado y exámenes preoperatorios firmados. Si esos documentos no
aparecen, retírese.
"Con la salud no se negocia ni se improvisa. Detrás de un precio sospechosamente bajo
casi siempre hay un recorte: en la calidad del talento humano, en los medicamentos, en
los protocolos o en la infraestructura. Y ese ahorro puede costar la vida", concluye la
experta.
Antes de firmar un consentimiento, revisar el REPS, verificar credenciales y conocer la
institución son pasos sencillos. Pueden marcar la diferencia entre un buen resultado y una
tragedia.