¿Es seguro cruzar? Cómo detectar daños peligrosos en puentes y pasos peatonales
Written by Jose de Jesus Prieto on 21/05/2026
Miles de personas cruzan día puentes y pasos peatonales en ciudades del país. La mayoría
lo hace con prisa y sin mirar detalles de la estructura. Sin embargo, el deterioro suele dar
señales visibles antes de convertirse en una emergencia. Aprender a reconocerlas no
reemplaza una inspección técnica, pero sí puede ayudar a prevenir accidentes y a reportar
a tiempo problemas que ponen en riesgo la seguridad de peatones, especialmente niños,
adultos mayores y personas con movilidad reducida.
“Cuando un puente o paso peatonal empieza a deteriorarse, no lo hace de manera
silenciosa; la estructura suele dar avisos claros que cualquier persona puede reconocer”,
explica Jorge Mario Díaz, docente de Ingeniería Civil de Areandina, sede
Valledupar. La clave, dice, es no normalizar daños que parecen pequeños y entender
cuáles sí pueden indicar riesgo.
La primera alerta son las grietas en el concreto. No todas significan lo mismo. Las
superficiales suelen ser delgadas, poco profundas y parecidas a las líneas que aparecen en
el revoque de una pared; deben vigilarse, pero no implican un peligro inmediato. Distinto
es cuando la grieta se ve ancha, profunda, oscura en su interior o parece crecer con el
tiempo. Si además está en bases, apoyos o juntas, merece atención urgente porque esos
puntos soportan y transmiten cargas.
Otra señal crítica son los desprendimientos de concreto. Cuando se caen trozos del
material y quedan expuestas las varillas de acero, el daño deja de ser estético. “No es
normal ver el esqueleto de la estructura a simple vista; eso es un síntoma de deterioro
avanzado”, advierte Díaz. Si ese acero se observa oxidado, la resistencia puede disminuir y
el riesgo aumentar.
También hay que mirar deformaciones y hundimientos. Si el piso se ve inclinado, hay
desniveles extraños o el paso vibra más de lo normal, puede haber pérdida de rigidez. La
acumulación de agua en juntas o bases es otra señal que suele subestimarse: el agua
estancada acelera la corrosión del acero y el desgaste del concreto.
Barandas, escaleras y pisos también pueden causar accidentes graves
En puentes y pasos peatonales no solo importa la estructura principal. Elementos que
muchos consideran “secundarios” pueden convertirse en un riesgo inmediato. Las
barandas, por ejemplo, cumplen una función vital: evitar caídas desde altura. Si están
flojas, corroídas o se mueven al apoyarse, ya no ofrecen seguridad. “Una baranda débil
puede ser tan peligrosa como una grieta en el piso”, señala Díaz.
Las escaleras también son un punto crítico. Un peldaño roto, suelto o muy desgastado
puede causar caídas en segundos, y en horas pico incluso provocar accidentes en cadena.
Esto afecta más a adultos mayores, niños y personas con dificultades de movilidad, que
dependen de superficies estables para desplazarse.
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Otro foco de riesgo es la pérdida de superficies antideslizantes. En días de lluvia, un piso
liso se vuelve especialmente peligroso. Resbalones, golpes y fracturas en espacios públicos
muchas veces comienzan con un detalle de mantenimiento que se dejó pasar.
Justamente ahí está uno de los problemas: ignorar el deterioro temprano. Filtraciones de
agua, manchas de humedad, oxidación inicial en tornillos o barandas, fisuras finas en el
recubrimiento y pintura protectora descascarada suelen verse como “detalles menores”.
Pero, con el tiempo, abren la puerta a corrosión, grietas más profundas y
desprendimientos.
“Lo que parece pequeño hoy puede convertirse en una falla grave mañana, y por eso el
mantenimiento preventivo siempre es más económico que una reconstrucción”, resume
Díaz.
Si usted detecta una señal preocupante, el primer canal para reportarla es la alcaldía, la
secretaría de infraestructura o la oficina de planeación de su municipio. Para que el caso
avance con mayor rapidez, envíe ubicación exacta, descripción clara del daño, fecha y
hora de observación, y fotos o videos. Si no hay respuesta, también puede acudir a
personerías, contralorías, veedurías ciudadanas, juntas de acción comunal, Defensoría del
Pueblo, medios locales o redes sociales etiquetando a las autoridades.
“Reportar no es solo un acto de responsabilidad; es una forma de proteger la vida de
todos”, concluye Díaz. Si ve una grieta profunda, una baranda inestable o
desprendimientos, no lo normalice: obsérvelo, documéntelo y repórtelo.