Tacaloa: tacos, nostalgia y un pedacito de México en Bogotá

Written by on 16/05/2026

Como es sabido, somos de buen diente, pero además de eso, quienes vivimos lejos de nuestra tierra entendemos perfectamente que encontrar un sabor capaz de transportarnos a casa no ocurre todos los días. Y cuando sucede, el corazón también termina sentado a la mesa.

El día de hoy descubrimos Tacaloa en el barrio 7 de Agosto, un lugar del que, he de confesar, llevaba meses escuchando en redes sociales y al que finalmente decidimos darle una oportunidad. Bastaron unos pocos segundos al cruzar la entrada para entender que no se trataba simplemente de “ir a comer”, sino de vivir una experiencia.

La arquitectura minimalista, la calma del ambiente y el olor que comienza a envolverlo todo desde el primer piso hacen que uno entre en una especie de pausa necesaria en medio del caos bogotano. Iniciamos nuestra aventura en el segundo piso, donde nos explicaron el concepto del restaurante: aquí existen dos formas de vivir Tacaloa.

La primera ocurre alrededor de la barra de tacos, una experiencia que inmediatamente nos hizo sentir en México. Sí, literalmente esos famosos “tacos parados”, donde el ritual no solamente está en comer, sino en mirar cómo la carne chisporrotea lentamente frente a ti sobre el tradicional sartén taquero mientras los aromas comienzan a mezclarse en el aire.

Y entonces pasa algo mágico.

Cierras los ojos por un instante y los recuerdos aparecen solos. El olor de la calle, el ruido de las taquerías, las conversaciones nocturnas alrededor de un plato caliente… definitivamente, para quienes estamos lejos de México, este lugar se convierte en un pequeño refugio emocional en medio de Bogotá. Por eso creemos sinceramente que Tacaloa debería ser una parada obligatoria para toda la diáspora mexicana en Colombia.

Además, tuvimos la enorme fortuna de que nuestros tacos fueran preparados por el chef Max, orgullosamente mexicano, quien transmite en cada preparación una conexión auténtica con los sabores de su tierra. Y eso se nota. Porque aquí no solamente sirven comida: sirven memoria, tradición y cariño por la cocina.

Mientras tanto, el tercer piso cambia completamente la experiencia. Allí el ambiente invita a quedarse, conversar y compartir sin afán. Fue precisamente en ese espacio donde descubrimos la maravillosa influencia de los sabores oaxaqueños mezclados con ingredientes locales colombianos, dando vida a propuestas llenas de identidad como el “mancha manteles”, las tlayudas y las tetelas.

Pero quizá una de las cosas que más nos emocionó de esta visita fue descubrir que el restaurante apuesta por algo mucho más grande que la gastronomía. Aquí el maíz, en sus diferentes colores y formas, se convierte en protagonista absoluto, resaltando ingredientes nativos colombianos y demostrando que la cocina también puede ser un acto de identidad cultural.

A esto se suma algo aún más valioso: su compromiso real con la inclusión laboral, construyendo un equipo humano diverso donde las oportunidades, el respeto y el talento van por encima de cualquier diferencia. Y honestamente, eso también se siente en la calidez con la que uno es atendido.

En esta ocasión decidimos no compartir fotografías de los platos porque creemos que hay experiencias que merecen disfrutarse primero con el alma y los sentidos antes que a través de una cámara. Algunos sabores no necesitan filtros; necesitan ser vividos.

Finalmente, queremos aclarar que Garrapatudo.com realizó el pago completo de su consumo, por lo que esta experiencia nace únicamente desde nuestra opinión y vivencia personal.

📍 Dirección: Cra. 23 #65-66, segundo y tercer piso, Bogotá.


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