El carbón retoma protagonismo en el sistema eléctrico: el respaldo clave ante el riesgo de el niño en Colombia
Written by Jose de Jesus Prieto on 16/06/2026
● El inminente fenómeno de El Niño pone sobre la mesa la necesidad de fuentes de energía
firme para respaldar el sistema eléctrico colombiano.
● Mientras los embalses se encuentran actualmente por debajo del nivel ideal para enfrentar
un verano prolongado, expertos advierten sobre un déficit de energía firme en los próximos
años.
● En este contexto, el carbón emerge nuevamente como un componente clave para la
seguridad energética y la confiabilidad del suministro eléctrico del país. ¿Cómo está
Colombia en materia de carbón?
Bogotá D.C., junio de 2026. La inminencia del fenómeno de El Niño en el segundo
semestre del año está reconfigurando el debate energético en Colombia. En un sistema
altamente dependiente del agua, y en donde los proyectos solares actualmente activos solo
permiten tener energía durante el día, el carbón vuelve a posicionarse como un activo
estratégico para garantizar la continuidad del suministro eléctrico y evitar escenarios de
desabastecimiento.
El carbón en Colombia: un recurso estratégico subutilizado y menospreciado
Colombia es uno de los principales productores de carbón en el mundo. En los últimos años,
el país ha producido entre 50 y 70 millones de toneladas anuales, destinando más del 85%
a exportaciones, principalmente hacia Europa y Asia, de acuerdo con datos de la Agencia
Nacional de Minería y el Ministerio de Minas y Energía.
Además de su importancia para la confiabilidad energética, el carbón continúa siendo uno
de los principales productos de exportación del país y una fuente relevante de ingresos
fiscales, regalías (un 80% de las regalías mineras provienen del carbón), y empleo (al
menos 650 mil empleos son generados por esta industria) en varias regiones. Esto
convierte la discusión sobre su futuro no solo en un debate energético, sino también
económico y social.
A nivel interno, el carbón tiene una participación relativamente baja pero no menos
importante en la generación eléctrica, concentrada en algunas plantas térmicas clave, lo
que lo convierte en un activo relevante para la sostenibilidad del sistema energético,
especialmente en tiempos de crisis.
Según cifras de ANDEG, las plantas térmicas a carbón generan cerca de 1.653MW de la
capacidad instalada, y pueden producir hasta 37 GWh diarios, lo que equivale a cubrir
aproximadamente unos 6.6 millones de usuarios, es decir, casi para atender el tamaño de
una ciudad como Bogotá.
Este contraste —abundancia de recurso y bajo uso doméstico— cobra relevancia en un
contexto de riesgo energético. El carbón ofrece ventajas estructurales frente a otras fuentes:
• Es un recurso disponible localmente, con cadenas logísticas consolidadas.
• Permite generación continua y predecible, independiente de las condiciones
climáticas.
• Tiene capacidad para operar de forma sostenida durante períodos prolongados de
alta demanda o baja hidrología.
A pesar de las cifras y de la relevancia que tiene este mineral para la economía del país, el
sector carbonífero colombiano ha enfrentado durante este Gobierno una combinación de
decisiones y señales que han reducido su atractivo y perspectivas de crecimiento. Entre
ellas se destacan el anuncio de no promover nuevos contratos de exploración de
combustibles fósiles, el aumento de la carga tributaria para las empresas mineras a través
de reformas recientes y un discurso oficial que ha cuestionado reiteradamente la
continuidad de actividades extractivas asociadas al carbón.
Estas medidas han coincidido con un menor apetito de inversión motivado en gran parte
por la falta de confianza y seguridad jurídica, y con una creciente incertidumbre sobre el
futuro de una industria que sigue siendo una de las principales generadoras de
exportaciones, regalías y empleo en varias regiones del país. Hoy, cuando el sistema
eléctrico vuelve a requerir fuentes firmes de respaldo, surge el debate sobre si Colombia
puede permitirse prescindir tan rápidamente de un recurso que continúa siendo estratégico
para su seguridad energética.
El respaldo térmico: lecciones del pasado
La historia reciente del sistema eléctrico colombiano confirma el papel fundamental de las
plantas térmicas en momentos de estrés.
Durante el fenómeno de El Niño 2015-2016, así como en episodios de baja hidrología en
años posteriores, las térmicas —especialmente a carbón y gas— evitaron racionamientos
al suplir la caída de la generación hidráulica, generando cerca del 28% de la energía del
país. De este porcentaje, aproximadamente el 18% fue aportado por plantas térmicas a
carbón.
Hoy, los modelos del sistema muestran que, en un escenario crítico, la generación térmica
deberá operar de manera intensiva durante semanas, superando los 100 GWh/día.
En el contexto global el carbón no ha desaparecido
A nivel internacional, el carbón sigue siendo una de las principales fuentes de generación
eléctrica. Según organismos como la Agencia Internacional de Energía (IEA), Ember y el
Energy Institute:
• El carbón representa cerca del 35% de la generación eléctrica mundial.
• En China supera el 55% de la matriz eléctrica.
• China, India y otros países asiáticos continúan incorporando capacidad de
generación a carbón para fortalecer su seguridad energética.
• En los últimos años la generación global a carbón ha alcanzado niveles
históricamente altos, impulsada por la volatilidad de los mercados energéticos y las
preocupaciones sobre la confiabilidad del suministro.
Las recientes tensiones geopolíticas y los desafíos de abastecimiento energético han
llevado a múltiples países a replantear el ritmo de retiro de fuentes convencionales de
generación. En muchos casos, la prioridad inmediata ha sido garantizar la seguridad
energética y la estabilidad de los sistemas eléctricos, incluso manteniendo o fortaleciendo
capacidades térmicas existentes.
Este comportamiento refleja una tendencia clara: en contextos de incertidumbre, los
sistemas eléctricos recurren a fuentes firmes y confiables para garantizar el suministro.
Carbón: de commodity a seguro energético
En este contexto, el carbón deja de ser únicamente un producto de exportación para
convertirse en un componente estratégico de seguridad energética.
Su papel no reemplaza la transición energética; por el contrario, contribuye a hacerla viable.
Sin fuentes firmes de respaldo, el sistema pierde resiliencia frente a eventos extremos como
El Niño y frente a los retrasos que enfrenta la entrada de nuevos proyectos de generación.
El debate sobre el carbón ya no puede analizarse únicamente desde una perspectiva
ambiental. A nivel global, la discusión energética se ha desplazado hacia un enfoque que
busca equilibrar sostenibilidad, confiabilidad y seguridad energética. La experiencia
internacional demuestra que incluso las economías más comprometidas con la transición
energética continúan enfrentando el desafío de garantizar energía disponible cuando las
fuentes variables no son suficientes.
En un escenario de menor hidrología, mayor demanda y retrasos en proyectos de
expansión, el carbón vuelve a ocupar un lugar central en la discusión energética nacional.
Más allá de los debates sobre transición, la prioridad inmediata para cualquier sistema
eléctrico es garantizar que la energía esté disponible cuando se necesita. La experiencia
internacional y las señales del propio sistema colombiano apuntan a una misma conclusión:
la confiabilidad energética seguirá dependiendo, en buena medida, de la capacidad de
contar con fuentes firmes de respaldo capaces de responder en momentos críticos.