Cuidado, el consumo excesivo de contenido negativo puede afectar la salud mental
Written by Jose de Jesus Prieto on 29/05/2026
La exposición constante a contenido alarmante en redes sociales puede alterar la forma
en que percibimos el mundo. Aprender a consumir información sin caer en el agotamiento
emocional se ha convertido en una necesidad de salud mental.
Bogotá,mayo de 2026 — El contenido negativo a veces es inevitables en el mundo
digital, pero consumir en exceso esta información puede tener un impacto en la salud
mental y emocional. Es una de tantas causas cotidianas, aparentemente inofensivas, que
pueden estar contribuyendo al deterioro de la salud mental en el país.
Según el Boletín de Salud Mental del Ministerio de Salud y Protección Social, el 10.9% de
los colombianos han tenido depresión en algún momento. Asimismo, la ansiedad es otro
de los problemas que más afecta a la población, donde el 11,4% son mujeres y el 7,8%,
hombres.
Cientos de reels y carruseles vienen cargados cada día de accidentes, actos violentos,
intolerancia, crimen organizado, vandalismo, entre muchos otros. Repetir
permanentemente estos contenidos alarmantes modifica la manera en que el cerebro
interpreta el entorno.
“La exposición repetida a información negativa activa de manera sostenida los esquemas
cognitivos de amenaza; estos son patrones de pensamiento que le dicen al cerebro que el
mundo es peligroso e impredecible”, explica María de Guadalupe Blanco Betancourt,
psicóloga y especialista en terapia cognitivo conductual de UNICOC. “Cuando estos
esquemas se activan con frecuencia, el sistema nervioso entra en un estado de alerta
crónica que genera ansiedad, tensión muscular, irritabilidad y sensación de
vulnerabilidad”.
Según explica la experta, este fenómeno puede intensificarse con el tiempo hasta generar
lo que en psicología se conoce como “desesperanza aprendida”, es decir, la sensación de
que nada puede mejorar y que el entorno es permanentemente hostil.
Parte de este efecto ocurre porque el cerebro humano está biológicamente diseñado para
prestar más atención a las amenazas que a las buenas noticias. Este mecanismo,
conocido como “sesgo de negatividad”, fue clave para la supervivencia humana durante
miles de años, pero hoy también influye en la manera en que las personas consumen
contenido digital.
“Estamos biológicamente programados para prestar más atención a las amenazas que a
las buenas noticias”, detalla la experta. “Los titulares alarmantes generan más likes, más
tiempo de pantalla y más reacciones emocionales, lo que alimenta un ciclo de consumo
difícil de interrumpir”.
Todo este consumo, tarde o temprano, afecta el bienestar cotidiano, y hay que estar
atento a las señales emocionales, cognitivas y conductuales que pueden indicar que la
relación con la información se está volviendo perjudicial.
Algunas de estas son los pensamientos intrusivos sobre informaciones consumidas,
dificultad para concentrarse, irritabilidad constante, tristeza después de revisar redes
sociales o la necesidad compulsiva de actualizar titulares son algunos de los síntomas
más frecuentes. También puede aparecer una percepción generalizada de que “todo está
mal”, incluso cuando el entorno inmediato no refleja necesariamente esa realidad.
Otra de las afectaciones más preocupantes, según explica la psicóloga, está cuando el
contenido interfiere con el sueño o el rendimiento cotidiano, por eso se recomienda no
revisar noticias antes de dormir, pues esto activa el sistema de alerta cerebral en un
momento en el que el cuerpo debería prepararse para descansar.
Además, la exposición constante a tragedias puede generar una “distorsión cognitiva de
generalización excesiva”, en la que las personas empiezan a asumir que todo lo que ven
en medios representa la totalidad de la realidad. De repente el mundo parece más
peligroso de lo que realmente es.
Pese a que desconectarse totalmente de la información es una utopía en estos tiempos,
sí es posible intentar aprender a consumirla de forma más equilibrada y consciente. Para
ello, la experta recomienda establecer horarios específicos para informarse y evitar el
consumo continuo durante todo el día.
“La primera herramienta es establecer unos tiempos o ventanas de información,
momentos definidos del día para informarse”, recomienda la psicóloga. “La segunda es
practicar la evaluación cognitiva del contenido; preguntarse si esa información es
accionable y si vale la pena el costo emocional de consumirla”.
También sugiere buscar intencionalmente mensajes positivos o historias de resiliencia
como una manera de contrarrestar el sesgo de negatividad y mantener hábitos que
funcionen como factores de protección emocional, como el ejercicio, el descanso, el
contacto con la naturaleza y las relaciones sociales.