PIB 2025: recuperación liderada por la demanda interna Mauricio Hernández-Monsalve

Written by on 16/02/2026

 

● El PIB creció 2,6% en 2025, acelerando frente a 2024 (1,5%) y 2023 (0,8%), en una
recuperación liderada por la demanda interna.
● El crecimiento fue consumo-intensivo: el consumo final avanzó 4,2% (hogares 3,6%,
Gobierno 7,1%), con una composición del consumo coherente con fase cíclica al alza
(mayor sensibilidad de durables/semidurables).
● La inversión mejoró parcialmente, pero siguió heterogénea: maquinaria y equipo
repuntó (9,0% en 2025), mientras la construcción cayó (-4,4%), manteniendo a la
inversión total por debajo de los registros de la década previa.
● El sector externo restó crecimiento: importaciones (8,4%) superaron a exportaciones
(1,8%), evidenciando mayor filtración externa y un año más dependiente de la
demanda interna.
● Por oferta, el avance se concentró en servicios, mientras minería (-6,2%) y
construcción (-2,8%) siguieron como lastres; este patrón refuerza la brecha
demanda–producción interna.
● En el margen, el cuarto trimestre de 2025 mostró desaceleración secuencial (PIB
ajustado 0,1% t/t), explicada principalmente por la debilidad de la inversión, aunque
diciembre tuvo un repunte mensual del ISE (+0,9% m/m ajustado) y el comercio cerró
fuerte, dando señales de un mantenimiento hacia delante de la fortaleza en el consumo.
● Para 2026, BBVA Research prevé 2,8%, con mayor crecimiento en el primer
semestre por consumo y moderación en la segunda mitad del año por condiciones
financieras e inflación; la construcción aportará gradualmente (obras civiles y No VIS),
pero con riesgos por incertidumbre y ciclo electoral.

16 de febrero 2026 p. 2

Balance 2025: composición del crecimiento y lectura macro

PIB por demanda: recuperación consumo-intensiva, inversión incompleta y
mayor filtración externa
La economía creció 2,6% en 2025, acelerándose frente a 1,5% en 2024 y 0,8% en 2023, y
ubicándose más cerca de estimaciones recientes de crecimiento de largo plazo/potencial
(alrededor de 2,5% anual). La demanda interna consolidó su recuperación en 2025, y lo hizo
con un sesgo marcado hacia el consumo. El crecimiento de 4,2% del consumo final (hogares
3,6% y Gobierno 7,1%) no solo explica buena parte del avance del PIB, sino que define la
calidad macro del crecimiento: un patrón dominado por consumo suele venir acompañado de
mayor uso de importaciones, presiones sobre precios de no transables y una política monetaria
más cautelosa. Aunque la inversión también mejoró en el agregado durante 2025 (en
particular, con recuperación en maquinaria y equipo), su comportamiento fue más
heterogéneo que el del consumo y no alcanzó a convertirse en el motor dominante del ciclo.
En esta publicación, el DANE introdujo correcciones mayoritariamente a la baja en los
resultados del 1T–3T25. La revisión más relevante provino de la inversión, que fue recortada
en los tres trimestres. Por el lado de la oferta, las correcciones a la baja fueron más acotadas,
destacándose ajustes en construcción y en minería, mientras que otros rubros mostraron
revisiones pequeñas o mixtas.
Consumo privado: liderazgo de rubros cíclicos (durables/no durables) y
sostenimiento de servicios
En 2025, el gasto de consumo de los hogares creció 3,6%, consolidándose como uno de los
componentes que lideró la recuperación de la demanda interna. En el ciclo, los durables
suelen amplificar las fases: cuando la economía se recupera, crecen más que el promedio;
cuando cae, ajustan con mayor fuerza. En ese sentido, el mensaje de fondo es que el consumo
de los hogares no solo avanzó, sino que lo hizo con una composición típica de una fase de
recuperación: los bienes durables (14,9%) y semidurables (7,1%) mostraron la mayor
sensibilidad al ciclo, mientras que los no durables (3,5%) y, especialmente, los servicios
(2,7%) también aportaron al crecimiento del consumo privado.
Consumo público: el componente más sorprendente del año
En 2025, el gasto de consumo final del Gobierno creció 7,1%, confirmando un soporte
relevante desde el sector público, particularmente hacia la segunda mitad del año. Este
desempeño es coherente con (i) el mayor dinamismo del bloque de administración pública,
defensa, educación y salud, que creció 4,5% en el año, (ii) el mayor pago de nóminas
estatales, y (iii) una ejecución más intensa de gasto corriente en servicios públicos asociados a

 

provisión social. Adicionalmente, el calendario electoral suele concentrar requerimientos
operativos y logísticos (contratación de servicios, administración territorial y gasto asociado a
procesos institucionales) que se materializaron en el 2S25 con la programación de la
consulta interna de octubre.
Inversión: rebote parcial, pero aún lejos de un régimen alto
La inversión creció, pero de forma incompleta: la formación bruta de capital (2,1%) y, sobre
todo, la FBCF (1,3%) muestran que el crecimiento de 2025 no fue un auge de acumulación de
capital. El diagnóstico de política y de mercado es claro: el crecimiento se apalancó en gasto
corriente (consumo) más que en capacidad productiva futura (capital). Esto ayuda a explicar
por qué el crecimiento puede resultar más inflacionario y por qué la convergencia a un
crecimiento potencial más alto sigue siendo un desafío.
Sector externo: crecimiento con contribución negativa de la demanda
externa neta
Mientras las exportaciones crecieron 1,8%, las importaciones aumentaron 8,4%. Cuando la
demanda interna se expande más rápido que la capacidad de respuesta de la producción
local, aumenta la propensión a importar y, con ello, se amplía el déficit externo. Una
economía con consumo e inversión dinámicos, pero con un frente exportador que no acelera al
mismo ritmo, tiende a traducir parte del impulso de la demanda en compras al exterior. A ello se
suma que la canasta exportadora continúa condicionada por la debilidad del componente
minero-energético; y aunque las exportaciones no tradicionales y de servicios (incluido el
turismo) han mostrado una mejora, su escala todavía es insuficiente para compensar
plenamente el menor aporte de los bienes básicos.
PIB por oferta: servicios lideran; minería y construcción siguen rezagadas
La oferta confirmó una recuperación liderada por sectores terciarios, con un mapa
productivo que explica tanto la fortaleza del consumo como la debilidad externa.
Liderazgos 2025:
● Comercio–transporte–alojamiento (+4,6%): principal motor del año, consistente con
consumo dinámico y recomposición del gasto hacia servicios.
Administración pública–salud–educación (+4,5%): coherente con el fuerte crecimiento
del gasto público.
Actividades artísticas y otros servicios (+9,9%): un sector típicamente procíclico y
sensible a la normalización del gasto de los hogares.
Sectores por debajo del PIB (o negativos):

 

● Industrias manufactureras (+1,9%) e información y comunicaciones (+1,0%)
crecieron por debajo del PIB, sugiriendo que parte del impulso de la demanda se canalizó
vía importaciones o vía sectores no transables.
Construcción (-2,8%): persistió en terreno contractivo, limitando encadenamientos y
empleo sectorial.
Explotación de minas y canteras (-6,2%): el principal lastre estructural, con impactos
directos sobre exportaciones. En 2025, la caída estuvo explicada por descensos en
carbón (-7,4%), petróleo y gas y actividades de apoyo (-4,3%), minerales metalíferos (-
13,5%), entre otros.
Implicación macro: crecimiento más dirigido por la demanda
Con una demanda interna tan dinámica (consumo y gasto público) y una oferta interna que no
acelera en la misma proporción (industria y construcción rezagadas), el balance suele
traducirse en presiones de inflación y externas más persistentes. Esto ocurre en contraste
con economías donde la oferta crece por encima de la demanda (casos como China
actualmente), en los que predominan presiones desinflacionarias. Este perfil del crecimiento
explica, en parte, la prudencia que el Banco de la República mantiene desde el año pasado en
sus decisiones monetarias.

El crecimiento de 2026, estimado en 2,8%, se dará a dos
velocidades
Durante el primer semestre de 2026, la actividad mantendría un ritmo relativamente mayor,
apoyada en un consumo de los hogares todavía dinámico, impulsado por el efecto
monetario del ajuste del salario mínimo y por el arrastre que deja una demanda interna firme.
En esta fase, la transmisión del endurecimiento financiero hacia el gasto agregado seguiría
siendo parcial, de modo que el consumo conservaría tracción y la inversión —aunque
contenida— no reflejaría aún plenamente el costo monetario más alto.
En el segundo semestre, el crecimiento tenderá a moderarse. El impulso del salario mínimo
se irá diluyendo, mientras que la combinación de inflación más persistente y tasas de
interés elevadas restringirá el ingreso real disponible, encarecerá el financiamiento y limitará
tanto la compra de bienes como la ejecución de proyectos de inversión. Bajo este escenario, la
inversión se ajustará de forma progresiva, acompañando la desaceleración de la demanda y
reflejando condiciones financieras menos favorables.
En paralelo, la construcción debería mostrar una mejoría gradual, principalmente por el mayor
empuje de obras civiles —típico del tercer año de gobiernos regionales y locales— y, en
menor medida, por la posible recuperación de la vivienda No VIS, en la medida en que el
repunte de ventas observado en periodos recientes se traduzca en iniciaciones a lo largo del
año. No obstante, el ciclo electoral y la incertidumbre asociada podrían retrasar decisiones de
inversión privada, tanto en maquinaria y equipo como en construcción, manteniendo un sesgo

 

de cautela en el balance de riesgos. Adicionalmente, el gasto público suele sostenerse elevado
en periodos electorales, lo que aportará un soporte adicional al crecimiento en 2026.
Finalmente, es importante destacar que, aun con la recuperación reciente, la inversión
agregada continúa en niveles bajos en comparación con la década anterior y con los máximos
históricos. Esta debilidad no proviene principalmente de maquinaria y equipo, que ha
mostrado mayor resiliencia, sino del componente de construcción, que además de registrar un
desempeño inferior en los datos recientes, ha sido objeto de revisiones a la baja en
correcciones estadísticas previas. En términos macro, esto refuerza la idea de un crecimiento
más apoyado en demanda corriente que en acumulación de capital, con implicaciones tanto
para el crecimiento potencial como para la sensibilidad del ciclo a condiciones financieras y de
confianza.


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