Diabetes en animales de compañía: Signos, riesgos y la importancia de la detección temprana
Escrito por Jose de Jesus Prieto on 13/11/2024
Mantener un estilo de vida activo y una dieta equilibrada son actividades para prevenir la
diabetes mellitus en nuestros perros y gatos.
Al igual que nosotros, las mascotas pueden experimentar enfermedades no transmisibles
que afectan significativamente su salud, como es el caso de la diabetes mellitus. Esta es una
alteración metabólica y hormonal que, en perros y gatos, se puede presentar a partir de los 5
años y se considera como una enfermedad grave. La diabetes mellitus en mascotas se
caracteriza por un aumento de los niveles de glucosa en sangre debido a la incapacidad del
cuerpo para producir suficiente insulina o para utilizarla de manera efectiva.
Este desorden endocrino, que frena la producción de insulina en la sangre, afecta
aproximadamente a 5 de cada 1000 perros y 3 de cada 1000 gatos, cifras que pueden ser
mayores, ya que es una enfermedad que suele pasar desapercibida y, por ende, no ser
diagnosticada. Los más propensos a desarrollarlo son aquellos animales que tienen un
estilo de vida sedentario, en el que existe poco ejercicio, además de una mala alimentación.
Según las cifras entregadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística
(DANE), el 40,2 % de los hogares en Bogotá cuentan con mascotas, de los cuales el 65,8 %
tienen perro y el 43,7 % tienen gato, lo que subraya la creciente importancia de la diabetes
como enfermedad crónica. Si bien es fundamental prestar mucha atención a los animales
de edad avanzada, es decir, aquellos que tengan 10 años o más, también los animales
jóvenes pueden llegar a desarrollar la enfermedad.
La diabetes es una enfermedad silenciosa que no siempre se manifiesta con signos visibles.
Con motivo del Día Mundial Contra la Diabetes, MSD Salud Animal en Colombia
presenta algunos signos a los cuales se les debe prestar atención para identificarla a tiempo
y buscar ayuda veterinaria adecuada y oportuna:
– Come mucho: aunque su organismo tiene el azúcar suficiente para generar la
energía que necesita, las células no la detectan y, por ello, los animales de compañía
requieren más alimento. A este efecto se le conoce como polifagia.
– Orina mucho y toma mucha agua: la diabetes provoca un aumento en la cantidad
de agua que se consume (conocida como polidipsia) y la frecuencia de las
micciones (conocida como poliuria). Esto sucede
porque el azúcar se elimina a través de la orina
llevándose también el agua del cuerpo, por lo que un perro o gato con esta
condición pueden presentar sed excesiva haciendo que tomen más agua de lo
habitual.
– Pérdida de peso: en general, con la presencia de la diabetes, nuestra mascota puede
bajar de peso sin razón aparente y de forma rápida, aun cuando esté consumiendo
igual o más cantidad de alimento de lo acostumbrado. Esto sucede porque se
pierden proteínas de los músculos para llevar a cabo la síntesis de la glucosa. Otras
mascotas, por el contrario, tienden a ganar peso debido a la alta ingesta calórica
ocasionada por la polifagia.
“Al igual que los seres humanos, los perros y gatos pueden ser susceptibles a la diabetes.
Factores como una nutrición inadecuada, la reducción en la actividad física y el aumento de
peso pueden provocar un desequilibrio en los niveles de glucosa e insulina en nuestras
mascotas, lo que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar diabetes mellitus.”,
comenta Gabriel García, Gerente Técnico de la Unidad de Animales de Compañía de MSD
Salud Animal en Colombia.
Es importante destacar que la detección temprana de la diabetes y otras enfermedades en
nuestras mascotas requiere visitas regulares al médico veterinario. La recomendación es
visitar el consultorio por lo menos dos veces al año para llevar a cabo un examen físico, una
evaluación de los niveles de glucosa y los análisis de laboratorio que el médico veterinario
considere necesarios.
Finalmente, una vez la mascota es diagnosticada, es importante recordar que todos los
animales pueden llevar una vida saludable y plena con un tratamiento integral establecido
por un Médico Veterinario. Este debe incluir una dieta balanceada y adecuada, dependiendo
la raza, la actividad física y la edad de nuestra mascota, una rutina establecida de actividad
física, así como, la administración de insulina de uso veterinario.