Día Mundial del Medio Ambiente: investigación de la Universidad del Rosario haya soluciones solares para cerrar brechas energéticas en el Putumayo
Written by Jose de Jesus Prieto on 09/06/2026
La investigación demuestra cómo las energías renovables pueden convertirse en una herramienta para reducir desigualdades territoriales y
fortalecer servicios esenciales en comunidades rurales del Putumayo, una de las regiones con mayores desafíos de acceso a energía en
Colombia.
• Se diseñaron 11 sistemas solares para educación y salud: diez para instituciones educativas rurales de Mocoa y una para un futuro centro de salud en el resguardo indígena Inga de Yunguillo.
• Se descubrió que el Putumayo tiene condiciones favorables para la energía solar con una irradiación promedio de 4,52 kWh/m2/día en Mocoa.
• La solución nació de las comunidades con alta participación femenina (61,5 %) y estudiantes, docentes, familias y autoridades comunitarias en la identificación de necesidades energéticas para educación, salud y calidad de vida.
• La investigación propone una transición energética con enfoque territorial, con mecanismos de sostenibilidad social, formación local y gobernanza comunitaria para evitar el abandono de las soluciones energéticas en el tiempo.
Bogotá, 4 de junio de 2026. Mientras la cobertura eléctrica rural del Putumayo apenas alcanzaba el 72 % en 2023, una investigación liderada por la Universidad del Rosario encontró soluciones energéticas para fortalecer el acceso a la electricidad en escuelas rurales y comunidades indígenas del departamento, a partir de un modelo construido entre la ciencia y los saberes locales.
El proyecto “Empoderando al Putumayo: enfoques sistémicos para energías renovables en educación y salud”, liderado por la profesora e investigadora Nelly Alberto Sierra , ECI-UR Margareth Cantillo Cuello, directora del programa de Ingeniería de Sistemas Energéticos de la Universidad del Rosario, diseñó once propuestas de sistemas solares fotovoltaicos para responder a necesidades identificadas por las propias
comunidades en materia de educación y salud.
La iniciativa fue una de las cinco seleccionadas para recibir financiación del programa Frontiers Seed Funding de la Royal Academy of Engineering del Reino Unido, un reconocimiento internacional que respaldó tanto su calidad científica como su enfoque participativo para abordar los desafíos energéticos de territorios rurales.
“La transición energética no puede construirse únicamente desde los laboratorios o desde los centros urbanos. Debe nacer del diálogo con las comunidades y responder a las necesidades reales de quienes viven en los territorios”, explica la profesora Nelly Cantillo.
La investigación reunió a expertos de la Universidad del Rosario, la Universidad de Antioquia, la Secretaría de Educación del Putumayo, la Universidad de Chile, Strathmore University de Kenia, Linköping University y KTH Royal Institute of Technology de Suecia, así como University College London del Reino Unido.
Un territorio con brechas energéticas, pero con potencial renovable
El Putumayo presenta un contraste significativo entre sus necesidades energéticas y sus recursos naturales. Miles de personas enfrentan
dificultades para acceder a un servicio eléctrico confiable, especialmente en las zonas rurales.
De acuerdo con datos de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), la cobertura eléctrica del departamento alcanzó el 77 % en 2023 y solo el 72 % en las áreas rurales. Las tarifas eléctricas pueden superar el promedio nacional y, en zonas no interconectadas, son más altas.
Frente a este panorama, los investigadores analizaron el potencial energético del territorio y encontraron condiciones favorables para la generación solar. Los resultados evidenciaron una irradiación total promedio de 4,52 kWh/m2/día en Mocoa y una disponibilidad relativamente estable durante gran parte del año.
Aunque también se identificó un importante potencial hídrico, con un caudal medio anual de 485,72 m3/s, la alta variabilidad estacional de los ríos limita su aplicación para sistemas comunitarios estables, razón por la cual el proyecto priorizó la energía solar como la alternativa más confiable.
Ciencia construida junto a las comunidades
El proyecto utilizó una metodología participativa. Durante el trabajo de campo realizado en Mocoa y en el resguardo indígena Inga de Yunguillo, el equipo desarrolló talleres con estudiantes, docentes, familias, autoridades comunitarias y líderes locales para comprender las necesidades energéticas del territorio.
Los encuentros permitieron identificar prioridades como la necesidad de iluminación confiable para escuelas, acceso a energía para equipos
tecnológicos, ventilación adecuada en espacios educativos, refrigeración de medicamentos y vacunas en futuros servicios de salud, así como
alternativas más limpias para la preparación de alimentos.
En los talleres participaron principalmente mujeres, quienes representaron el 61,5% de los asistentes, mientras que los estudiantes constituyeron el grupo más numeroso con el 45,2 % de la participación total.
“La comunidad no fue una fuente de información para el proyecto; fue parte activa de la construcción de las propuestas. Cada decisión técnica estuvo respaldada por las necesidades y expectativas expresadas por quienes habitan el territorio”, cuenta Cantillo.
Once propuestas para fortalecer educación y salud
A partir de la información recopilada el equipo formuló once propuestas de sistemas solares fotovoltaicos. Diez de estos sistemas fueron diseñados para instituciones educativas rurales y uno para un centro de salud proyectado en el resguardo indígena Inga de Yunguillo. Las capacidades estimadas oscilan entre 10 y 200 kWp, dependiendo de las necesidades energéticas identificadas en cada lugar.
Aunque la fase formal de investigación concluyó en 2025, el equipo continúa gestionando nuevas oportunidades de financiación para avanzar hacia la implementación de las propuestas.
Los resultados demuestran que una transición energética justa requiere combinar conocimiento científico, participación comunitaria y soluciones adaptadas a las realidades locales. En el caso del Putumayo, esta experiencia abre una ruta para reducir brechas históricas y fortalecer el acceso a servicios esenciales como la educación y la salud en territorios rurales.