Pausa digital: le contamos lo que pasa con su mente cuando deja las redes sociales por 7 días

Written by on 24/02/2026

 

¿En qué momento revisar el celular se volvió un gesto automático? Antes de dormir, al
despertar, en medio del trabajo o incluso durante una conversación, la mano busca la
pantalla casi sin notarlo. Esa rutina cotidiana fue puesta bajo la lupa por un estudio
reciente publicado en JAMA Network Open, que dejó un dato tan simple como inquietante:
una pausa de siete días sin redes sociales puede mejorar la salud mental.
La investigación, realizada con jóvenes entre 18 y 24 años, encontró que quienes se
alejaron durante una semana de plataformas como Instagram, TikTok o X reportaron una
reducción significativa de síntomas de ansiedad, depresión e insomnio. No se trató de un
tratamiento prolongado ni de un cambio radical de vida. Fueron apenas una semana sin
scroll infinito, sin notificaciones constantes y sin la exposición continua a contenidos
diseñados para capturar la atención.
El hallazgo no busca satanizar las redes sociales ni desconocer su utilidad. Estas
plataformas cumplen un papel central en la información, el trabajo, la educación y la
creación de comunidad. El problema aparece cuando su uso deja de ser consciente y se
convierte en una dinámica automática. De acuerdo con el estudio, el beneficio no estuvo
en reducir el tiempo total frente a la pantalla, sino en tomar distancia de prácticas
específicas que sobrecargan la mente: la comparación permanente, la búsqueda de
aprobación y el consumo compulsivo de contenido.
Desconectarse reduce la ansiedad, la depresión y el insomnio en los jóvenes
Para Marco Antonio Cruz Duque, decano de la Facultad de Salud y del Deporte
de Areandina, sede Valledupar, los resultados coinciden con lo que se observa con
frecuencia en la práctica clínica. “El cerebro no está diseñado para permanecer en estado
de alerta permanente. Las notificaciones y la exposición constante a estímulos digitales
activan respuestas de estrés que terminan afectando el sueño, la concentración y la
regulación emocional”, explica.
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la rapidez con la que aparecieron los
efectos positivos. En solo una semana, los participantes reportaron mejoras en su
descanso y en su estado de ánimo. “Esto demuestra que no siempre se requieren
decisiones extremas. Pequeños ajustes en los hábitos digitales pueden generar alivios
reales en el bienestar mental”, señala Cruz, quien insiste en que la clave está en la
frecuencia y en la intención con la que se usan las redes sociales.
Este debate llega en un momento en el que estas plataformas parecen indispensables.
Para millones de personas son una herramienta de trabajo, una fuente principal de

información y un canal permanente de contacto social. Por eso, hablar de desconexión
total resulta poco realista. Sin embargo, el estudio plantea una pregunta incómoda:
cuando una herramienta se vuelve indispensable, ¿a quién está sirviendo realmente? El
modelo de negocio de las redes sociales se basa en captar el mayor tiempo posible del
usuario, lo que explica por qué la experiencia está diseñada para ser difícil de abandonar.
Cambios pequeños en el uso del celular que alivian la carga mental
1. Silenciar notificaciones que no sean urgentes.
2. Evitar el uso de redes sociales antes de dormir.
3. Definir horarios específicos para revisarlas o dejar el teléfono fuera de la habitación
durante la noche.
Otro punto clave es qué se hace con el tiempo que queda libre. Aunque el estudio no
analizó cómo ocuparon sus días los participantes, muchas personas que reducen el uso de
redes sociales reportan que retoman actividades postergadas. Leer sin interrupciones,
caminar sin audífonos, conversar sin mirar la pantalla o simplemente descansar sin
estímulos constantes se convierten en alternativas que ayudan a bajar el ritmo. El
bienestar no proviene solo de lo que se deja atrás, sino también de lo que se recupera.
El fenómeno no es exclusivo de los jóvenes. Adultos que revisan el celular de madrugada,
profesionales que interrumpen cada tarea por una alerta y padres que alternan el tiempo
en familia con el teléfono en la mano hacen parte de una cultura digital que exige
atención permanente. “Cuando no hay pausas, el cuerpo empieza a pasar factura en
forma de irritabilidad, cansancio y dificultad para desconectarse”, concluye Cruz.
Recuerde, no todas las experiencias en redes sociales son negativas. Para muchas
personas representan apoyo emocional, aprendizaje o compañía. La discusión no pasa por
eliminarlas, sino por usarlas con mayor conciencia. Reconocer señales como agotamiento,
ansiedad o problemas de sueño puede ser una alerta temprana de que es momento de
ajustar hábitos.


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