¿Por qué tu hijo no quiere volver al colegio? Señales emocionales a las que hay que prestar atención
Written by Jose de Jesus Prieto on 09/02/2026
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Aunque parezca «pereza» o «negligencia», si un niño de repente no quiere regresar al colegio, quizás es porque está dando señales de que algo más grave puede ocurrir, y los padres deben estar atentos a estos cambios.
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Dra. Antonia Martí Aras, directora de la maestría en Acoso Escolar y Mediación de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, explica qué puede significar esta resistencia al colegio y cómo atenderlas a tiempo.
Colombia, enero de 2026 — Que los niños, de repente, no quieran volver al colegio es un fenómeno que puede esconder algo que va más allá de la simple pereza o capricho. A menudo, esta reticencia es una manera que tiene el cuerpo y la mente para advertir que algo no está bien, y puede presentarse justo en esta época de regreso a clases.
Los padres deben estar atentos a estas señales, de manera que se pueda evitar que un malestar pasajero se transforme en un problema emocional profundo. La raíz puede estar en la ansiedad, la sobrecarga emocional o situaciones de convivencia escolar que han pasado desapercibidas, y el cuerpo suele ser el primer mensajero cuando un niño está atravesando dificultades que no sabe expresar. Así lo explica la Dra. Antonia Martí Aras, directora de la maestría en Acoso Escolar y Mediación de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.
«El niño que “de pronto” empieza a quejarse de dolores de barriga o cabeza sin ninguna causa médica evidente, especialmente en días previos al colegio», detalla. «El que “evita” ir, pone excusas o se enferma justo cuando toca incorporarse. El que deja de relacionarse, se muestra más irritado, más cansado, más “apagado”. El que se ancla a los padres, pide quedarse más rato o se muestra excesivamente dependiente. O el que cambia en el juego o en los hábitos: duerme mal, tiene pesadillas, se critica mucho, se siente “raro” o “fuera de sitio”».
Estas señales pueden confundirse con comportamientos propios de la edad, pero lo que diferencia una resistencia pasajera de un problema emocional es su duración, su impacto y su intensidad.
Una resistencia normal dura unos días; un malestar emocional, sin embargo, se sostiene en el tiempo, se agrava y empieza a modificar la conducta cotidiana. Cuando aparecen síntomas físicos, evitación constante, aislamiento social, deterioro del rendimiento, falta de sueño o sentimientos de inferioridad, ya no se trata de una simple falta de motivación.
Factores como el bullying o la sobreexigencia académica también influyen significativamente en el bienestar escolar. Situaciones de acoso o dinámicas de aula poco inclusivas pueden convertirse en detonantes de ansiedad diaria. Asimismo, los entornos altamente competitivos o la presión por el rendimiento pueden llevar a que los estudiantes asocien el colegio con miedo al error, vergüenza o desgaste emocional.
Para prevenir que estos problemas se agraven, la comunicación entre familias, docentes y estudiantes es clave. La experta de VIU insiste en que un entorno emocional seguro es la base para que un niño pueda expresar lo que siente sin miedo a ser juzgado. Según explica, esto empieza en casa, con presencia, rutinas y un espacio disponible para hablar, aunque también requiere una escuela preparada.
La Dra. Antonia Martí subraya que muchos docentes aún no cuentan con formación específica en convivencia o acoso escolar, lo que dificulta la detección temprana. Para ella, es imprescindible que las instituciones cuenten con protocolos, equipos de orientación y un enfoque que fomente la participación.
«Se necesita que la familia y la escuela hablen el mismo idioma, que hagan seguimiento, que intervengan pronto si algo no va bien», enfatiza. «Además, la escuela debe “vivir la diversidad”, fomentar la empatía, hacer que cada alumno se sienta parte del grupo, que tenga voz, que aporte. “Ser diferente” no debe ser motivo de vulnerabilidad, sino de riqueza».
Implementar estrategias preventivas es muy importante. En el entorno escolar, la docente de VIU recomienda formación en convivencia, mediación, tutoría emocional y programas que involucren a docentes, familias y alumnos. En casa, propone conversaciones semanales sin juicio, actividades que permitan regular emociones, como el juego, el arte o la respiración, y dar a los niños cierto nivel de control sobre su rutina para que recuperen la sensación de seguridad.
Saber interpretar a tiempo el deseo de no volver al colegio permite proteger la salud emocional y fortalecer la experiencia escolar. Con acompañamiento, escucha activa y entornos seguros, el colegio puede volver a percibirse como ese lugar para aprender, relacionarse y sentirse parte.