2026: Más introspección tecnológica y menos creación compulsiva
Written by Jose de Jesus Prieto on 04/02/2026
Por Franciso Lárez, vicepresidente de Progress Software para América Latina y el Caribe.
Desde que conocimos a ChatGPT, la inteligencia artificial avanzó a un ritmo altísimo,
impulsada por el entusiasmo del descubrimiento y la urgencia por no quedarse atrás. Sin
embargo, ahora entramos en una nueva fase del desarrollo tecnológico, una donde la
velocidad deja de ser la única medida del progreso. La innovación ya no puede sostenerse
en la improvisación o el entusiasmo del momento sino que necesita madurez, seguridad y
visión de largo plazo. Las tendencias que marcarán el rumbo hacia 2026 demuestran que ya
no se trata solo de un proceso de expansión sino también de consolidación.
En primer lugar, el esfuerzo debe concentrarse en reconstruir antes que en crear. Es
decir, reestructurar los proyectos piloto y trabajar en la infraestructura que permita escalar
con seguridad. Este período puede considerarse una introspección tecnológica. Las
organizaciones tendrán que revisar su base y definir nuevos estándares que equilibren
flexibilidad, escalabilidad y seguridad. Así, los modelos más chicos y especializados se
podrán enfrentar cómodamente a los grandes sistemas generales.
En este escenario, cuando se trata de la adopción de la IA, va a haber una gran diferencia
entre quienes puedan dominar y quienes recién comienzan a implementarla. Las empresas
deben comenzar a tener una mentalidad de continuo aprendizaje para incentivar la
curiosidad y reducir las tensiones entre los equipos más avanzados y el resto de la
organización.
A la par de este crecimiento, el próximo año la saturación de contenido generado por
modelos de IA en distintos formatos hará que se piense en la regulación y transparencia.
Allí hay una oportunidad para las empresas que piensen en la IA de manera responsable,
con criterios claros de seguridad y equidad. Lo que la inteligencia artificial viene a traer es
su fiabilidad y eso se logra de la mano de prácticas éticas y transparentes por parte de las
marcas.
Además de la cuestión ética, se dará paso a una mentalidad más analítica y volverán
las métricas rigurosas, la validación de casos de uso y las evaluaciones de retorno de
inversión. Las organizaciones comenzarán a distinguir entre las herramientas realmente
capaces de resolver problemas de negocio y los simples “envoltorios de chat” sin sustancia.
Será el año en que se depure el mercado, y en que las soluciones que demuestren impacto
tangible consolidarán su posición. Se dará fin a un FOMO (Fear of Missing Out, el miedo a
quedarse afuera) de la tecnología y se pasará un enfoque más maduro y más centrado en
resultados y beneficios.
Respecto al lugar que ocupa la tecnología en el lugar de trabajo, se puede afirmar que va a
dejar de ser un simple asistente se transformará en un colaborador competente. Debido a
los avances de los modelos de lenguaje y la incorporación de controles más robustos, la IA
pasará de un puesto junior a uno “medior”. De esta manera, la tecnología no reemplaza a
un experto sino que se vuelve su compañero técnico.
Asimismo, la articulación entre la tecnología financiera y la inteligencia artificial abrirá una
nueva etapa para la inclusión económica en América Latina. Las finanzas embebidas, los
sistemas avanzados de análisis de riesgo y los modelos de scoring crediticio basados en IA
facilitarán el acceso al financiamiento para empresas que están fuera del sistema bancario
tradicional.
Los modelos de evaluación crediticia potenciados por IA están transformando los criterios
tradicionales y ampliando el acceso a los microcréditos, al tiempo que las soluciones fintech
extienden su presencia más allá de las grandes ciudades. De acuerdo con proyecciones del
sector, el ecosistema fintech en la región alcanzará un mercado total direccionable superior
a los 300.000 millones de dólares en los próximos años.
Hacia 2026, la inteligencia artificial entrará en una etapa de madurez, en la que la
integración real y la generación de confianza serán más relevantes que la innovación por sí
misma. En ese contexto, el diferencial estará en la capacidad de implementar la tecnología
de manera sostenible, responsable y centrada en las personas.