Las empresas pierden 300 mil dólares cada hora debido a caídas operativas por cuenta de fallos en tecnología
Written by Jose de Jesus Prieto on 30/01/2026
Las caídas tecnológicas son uno de los riesgos más costosos para las empresas de
sectores industriales y de servicios críticos. Un ejemplo es la parálisis de líneas de
producción automotriz cuando falla la nube que almacena información clave del
proceso productivo, como el orden de ensamblaje, los movimientos de los robots de
soldadura o las especificaciones de pintura de cada vehículo.
El impacto económico de estos incidentes es significativo: un estudio de McKinsey
muestra que el 88 % de las organizaciones que sufren interrupciones en sus
plataformas tecnológicas registran pérdidas superiores a los USD 300.000,
mientras que el 40 % enfrenta impactos que superan el millón de dólares por
interrupción, en los cuales computadoras, redes o servicios digitales dejan de
funcionar, por errores de software, ciberataques fallos de hardware o
actualizaciones defectuosas.
El problema es especialmente recurrente en industrias críticas tales como la
manufactura. Investigaciones de la consultora IIOT señalan que los fallos
tecnológicos tienen una duración promedio de cuatro horas, con hasta 20
incidentes mensuales, lo que equivale a cerca de 800 horas de inactividad al
año.
A este escenario se suma el costo directo de la inactividad. Datos recopilados por
ABB estiman que una hora de interrupción durante una falla de continuidad
puede costar en promedio USD 125.000, y que muchas interrupciones se
extienden durante varias horas o incluso días.
Las causas son diversas: desde caídas de marketplaces por problemas en el
procesamiento de pagos hasta ataques de ransomware orientados a secuestrar
información crítica. En muchos casos, la recuperación se retrasa debido a la
complejidad de las infraestructuras o sobrecargas de tráfico en las redes.
El aumento de los ciberataques ha intensificado este riesgo. Según un reporte
citado por Mastercard, el costo promedio de un ataque para pequeñas y medianas
empresas oscila entre USD 120.000 y USD 1,24 millones por incidente, lo que
confirma que el impacto de una interrupción tecnológica ya no distingue entre
grandes corporaciones y compañías de menor tamaño.
En ese contexto, Luis Gabriel Castellanos, Country Manager de IFX en
Colombia, advierte que “la continuidad empresarial ya no es un tema exclusivo de
tecnología. Hoy define la capacidad de una empresa para cumplirle a sus clientes,
proteger sus ingresos y sostener su crecimiento en entornos cada vez más
volátiles”.
En esa línea, el experto concluye a través de las siguientes tendencias que la
continuidad no está solo en crecer, sino en asegurar que la operación no se
detenga, incluso cuando ocurren fallos inevitables:
1. La presión de la demanda digital obliga a repensar la capacidad tecnológica
Con más procesos, usuarios y servicios conectados, muchas empresas han
descubierto que su infraestructura no fue diseñada para responder con la velocidad,
estabilidad y escalabilidad que hoy exige el mercado. Reforzar la capacidad
tecnológica pasó de ser una mejora para convertirse en una condición básica para
sostener la operación sin interrupciones.
2. La nube necesita estar más cerca: la latencia se volvió un factor competitivo
La latencia —el tiempo que tarda la información en viajar de un punto a otro a través
de la red— dejó de ser un detalle técnico para convertirse en una variable de
negocio. En sectores como comercio, salud, industria o servicios financieros, unos
pocos milisegundos pueden marcar la diferencia entre una operación fluida y una
interrupción crítica. Por ello, crece la demanda por infraestructuras locales y
regionales, más cercanas al punto donde ocurre la operación.
3. Las nuevas aplicaciones exigen potencia y disponibilidad permanente
La adopción de inteligencia artificial, analítica avanzada y procesamiento intensivo
de datos está elevando los requerimientos tecnológicos de las empresas. Estas
aplicaciones demandan cómputo de alto desempeño, como infraestructuras con
GPUs, y no toleran interrupciones prolongadas. En este escenario, la continuidad
depende de contar con capacidad suficiente, cercana y disponible de forma
permanente.
4. Seguridad desde el diseño: proteger la operación es proteger el negocio
Cada nueva implementación tecnológica amplía la superficie de riesgo. Por eso, la
ciberseguridad dejó de ser un complemento para convertirse en un principio de
diseño. Las empresas más resilientes son aquellas que integran la protección desde
el inicio de sus proyectos, entendiendo que una operación insegura es, en esencia,
una operación vulnerable.
5. La continuidad empresarial como ventaja competitiva
Infraestructuras resilientes, esquemas de respaldo externos, planes de recuperación
ante desastres y conectividad redundante dejaron de ser medidas defensivas. En un
entorno donde cada minuto de inactividad tiene un costo tangible, la continuidad
empresarial se consolida como un diferenciador competitivo real, capaz de
proteger y aumentar ingresos, afianzar relaciones comerciales y reputación.