Los profesionales están regresando a sus municipios de origen, y esto es positivo para el país
Written by Jose de Jesus Prieto on 16/01/2026
Lo que antes se consideraba una fuga de cerebros, hoy es una promesa de progreso
para las regiones que ven retornar a los jóvenes que migraron a las grandes ciudades
buscando una formación profesional.
Bogotá, enero de 2026 – La lógica de salir de las ciudades hacia la capital como única
forma de progreso parece estar revirtiéndose. Aunque la formación profesional
prevalece de manera mayoritaria en las grandes ciudades, o incluso en el exterior, el
regreso de los profesionales a los municipios está tomando fuerza.
La movilidad estudiantil sigue siendo constante. En el último año, según Migración
Colombia, más de 90.000 estudiantes salieron del país para formarse
profesionalmente. Y en cuanto a la migración interna, teniendo en cuenta que el 50%
de las universidades están concentradas en Antioquia y Cundinamarca, el
desplazamiento de estudiantes a las grandes urbes sigue siendo un fenómeno vigente,
entre las que se pueden mencionar también Barranquilla y Cali.
No obstante, algo ha venido cambiando. Los jóvenes ya profesionales han decidido
regresar a sus lugares de origen, lo que está derivando en una inyección de
conocimientos que puede contribuir al desarrollo económico de las regiones que,
históricamente, no cuentan con la infraestructura académica suficiente para formar a
sus profesionales.
“Ya no se puede hablar de una fuga de cerebros”, afirma Jorge Alejandro Gómez
Arango, rector de UNICOC. “Que los jóvenes estén regresando con conocimientos,
habilidades técnicas y una visión más amplia del mundo impacta positivamente en la
productividad de su comunidad”.
El retorno profesional tiene efectos multiplicadores en la economía local. Los
egresados aplican conocimientos actualizados en áreas como la salud, el derecho, la
administración, la ingeniería, la economía y la psicología.
Además, contribuyen a mejorar la gestión de servicios, optimizan procesos
productivos, modernizan prácticas tradicionales, fortalecen el tejido empresarial y
abren paso a nuevas oportunidades de desarrollo en los municipios y regiones.
Un ejemplo claro es el emprendimiento, pues muchos de quienes retornan lo hacen
con la firme intención de crear empresas, cooperativas o proyectos de base
comunitaria. Con herramientas en gestión, mercadeo y planeación estratégica, logran
identificar necesidades insatisfechas y transformarlas en oportunidades. Esto dinamiza
la economía municipal, crea empleo y fomenta el consumo interno.
“El retorno también contribuye a la diversificación productiva”, agrega el rector de
UNICOC. “Regiones que han dependido históricamente de un solo renglón económico
ven cómo estos jóvenes llegan con nuevas ideas y modelos de negocio para abrir
sectores como el turismo rural, el desarrollo de software, los servicios digitales o la
bioeconomía”.
Además, los efectos colaterales de este retorno también impactan a las familias
mejorando sus ingresos, estimulando la inversión local, fortaleciendo las cadenas de
valor y potenciando la recaudación tributaria, que se traduce en mayor capacidad de
gestión municipal.
Y en cuanto al ámbito social y emocional, los jóvenes regresan dispuestos a retornarle
a sus comunidades mediante sus conocimientos adquiridos. Es un liderazgo que
fortalece la participación ciudadana.
“El talento de nuestros jóvenes no puede quedarse estancado en las grandes
ciudades”, advierte Alejandro Gómez. “Colombia necesita que regresen, que
construyan desde lo local, que innoven desde la raíz, haciendo una apuesta por el
futuro de todas las regiones.
Esto, por supuesto, es posible cuando hay un soporte institucional que incentive este
retorno de manera saludable. Debe haber facilidades de financiamiento para la
inversión, mejoras en la conectividad y los servicios públicos, así como espacios de
capacitación para que los profesionales que regresan ayuden al desarrollo local. Es un
esfuerzo mancomunado.